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¿Cuáles son los 3 Componentes de la Mentalidad Financiera? – Parte 2 de 2

En el post anterior planteamos la definición de la Mentalidad Financiera como la capacidad de pensar la realidad a partir de la evaluación costo-beneficio, apuntando a elegir siempre lo que sea más eficiente en términos de dinero.

El primer componente que presentamos es la Proporción, que nos permite entender las ganancias de una inversión o el costo de un préstamo en relación al monto involucrado. Pero no es suficiente. Necesitamos dos componentes adicionales que nos ayuden a evaluar si estamos tomando la mejor decisión posible en términos financieros.

Tiempo

El segundo componente de la Mente Financiera es el que nos permite visualizar la dimensión temporal. La mayoría de las personas piensa sus finanzas en términos inmediatos. Están los perfiles urgentes, que no pueden pensar en tener dinero disponible más allá de la semana que viene; y los ansiosos, que usan el fin de mes como el momento de reseteo financiero. Pero también están las personas más identificadas con un perfil conservador que desarrollaron la capacidad de ahorro, a fuerza de no gastar todo lo que ganan o todo lo que heredan. En cualquier caso, es muy raro que cualquiera de estos perfiles tenga la costumbre de usar la referencia del año como parámetro.

El año es precisamente lo que se necesita para poder comparar períodos: una unidad de tiempo ni muy corta, ni demasiado larga.

De la misma manera que necesitamos comparar proporciones en forma de tasas, necesitamos comparar tasas en forma anualizada.

Normalmente los depósitos a plazo fijo y los préstamos bancarios se negocian sobre la base de una Tasa Nominal Anual (TNA).

¿Qué significa esto? Que si vamos a hacer un negocio que consiste en poner un capital en el banco para recuperarlo en X días, el banco seguramente nos ofrezca una TNA que se aplicará proporcionalmente al tiempo efectivamente transcurrido hasta que la ganancia se suma al capital. Por ejemplo, podemos tener una inversión de $ 1.000 al 48 % anual por 30 días. Esos $ 1.000 crecerán a razón de 48 % por 30 días efectivos de 360 nominales que tiene un año.

48 % x 30 / 360 = 4 %

Que será la tasa efectiva mensual (TEM). Los $ 1.000 crecerán un 4% durante 30 días.

Es decir

$ 1.000 x 4 % = $ 40

y tendremos $ 1.040.

En la medida que podemos expresar las tasas de forma anual, podemos comparar rentabilidades de negocios o costos de préstamos sobre una misma base.

Nota: cuando las inversiones o los préstamos que comparamos tienen la misma tasa (o incluso tienen tasas diferentes) pero sus duraciones en tiempo son diferentes, la cosa se pone un poco más compleja y es necesario aplicar la Tasa Interna de Retorno, que merece un post propio. Pero el principio básico del componente tiempo sigue vigente: el año es el parámetro para comparar tasas.

Cuando sacamos un préstamo funciona de la misma manera, pero espejada. El banco nos agrega un interés calculado como una TNA sobre el monto total que debemos al momento del pago y el tiempo que transcurrió desde que nos prestaron los fondos. Los mecanismos de devolución del préstamo (francés o alemán) pueden cambiar la velocidad a la que terminamos de pagar la deuda y el monto total de intereses que terminamos devolviendo. Pero, en líneas generales, siempre rige la necesidad de comparar la masa de intereses que vamos a pagar por encima del capital a devolver en términos de tasas de interés anualizadas.

Realidad

El último componente de la Mentalidad Financiera, a falta de una palabra que se diferencie de “nominalidad”, podemos llamarlo Realidad. ¿Qué es la nominalidad? Es el uso de los valores financieros sin descontar el impacto de la suba de precios. Podemos pensar un caso donde luego de invertir $ 100.000 al 48 % anual terminamos 12 meses después con

$ 100.000 x 48 % = $ 48.000

Es decir con $ 148.000 en total.

Nominalmente, tenemos muchos más pesos que antes. Pero… ¿Tenemos un 48% más de valor? La única forma de saberlo es descontando cuánto perdió de valor la moneda en la que estamos haciendo la inversión.

Tenemos dos posibles formas de medirlo.

1) Descontar la inflación para el período que pasó en el que medimos una ganancia o un costo financiero es la forma clásica de medir una variación real y llegar a la tasa real.

2) Medir el cambio del valor de la inversión o la deuda pasando el valor a otra moneda más estable. En nuestro caso, el dólar tiene esa función desde hace décadas.

En el caso de la inflación podríamos tomar diferentes índices de precios, pero el más común es el Indice de Precios al Consumidor (IPC). Para simplificar, si la inflación de los 12 meses del ejemplo fue superior al 48 %, supongamos un 56 %, nominalmente tuvimos más pesos pero en términos reales tenemos una pérdida porque esos pesos alcanzan para menos que antes. La forma de poder medir el valor real del dinero al final del período es deflactando.

Deflactar es restarle a un valor un aumento. En este caso, habría que dividir

$ 148.000 x (1+0,56)

para “desinflar” el valor por la proporción que aumentaron los precios, lo que daría que $ 148.000 equivale a unos $ 94.871 del pasado.

Comparados con los $ 100.000, tenemos una pérdida, en términos reales de

$ 94.871 – $ 100.000 = – $ 5.128

Qué también podemos medirla como una tasa que daría

– $ 5.128 / $ 100.000 = – 5,1 % real anual.

Es decir, tenemos más pesos, pero en términos reales la inversión perdió valor.

Y podría pasar lo mismo con una deuda. En ese caso, terminamos “licuando” al que prestó el dinero.

La otra forma de medirlo, en moneda dura, requiere que usemos el Tipo de Cambio.

Para eso vamos a pasar el valor de los $ 100.000 a dólares al tipo de cambio al que podríamos venderlos al momento de hacer la inversión en pesos (o tomar el préstamo). Si queremos vender, tenemos que ver el tipo de cambio comprador (la punta más baja). Supongamos que en este ejemplo el dólar está a $ 42. Esto significa que los $ 100.000 equivaldrían a unos

$ 100.000 / $ 42 = $ 2.380 dólares.

Si después de un año, siguiendo el ejemplo, los $ 148.000 los queremos medir en dólares para ver cuánto más tenemos en moneda dura, deberíamos pasarlos en esta oportunidad al tipo de cambio vendedor (porque querríamos comprar dólares con esos pesos).

Sigamos con las suposiciones, tenemos 12 meses más tarde un dólar de 60. Los $ 148.000 equivaldrían a

$ 148.000 / $ 60 = 2.466 dólares.

Eso representaría una diferencia de 2.466 – 2.380 = 86 dólares.

Que podemos medirla en términos de proporción respecto al capital original para obtener una tasa de

86 / 2.380 x 100 = 3,6 % en dólares, en un año.

Desde ya, sólo podemos conocer el valor del dólar o de la inflación verdaderos recién al momento de finalizar la inversión o el préstamo. Pero, siempre podemos tomar como referencia los valores esperados para evaluar de antemano si las tasas que vamos a obtener o pagar son lo suficientemente atractivas (o caras) en términos reales o medidas en dólares.

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